Francis Bacon

4 05 2009

Hay que ver, hay que ver como pasa el tiempo… Hace una semana ya que se despedía la fantástica retrospectiva de la obra del británico en la práctica, irlandés de nacimiento, Francis Bacon que el Museo del Prado organizó con motivo del centenario de su nacimiento. Este regalo a todo madrileño o persona capaz de desplazarse a la capital que pudimos ver, y espero visitaseis, desde el lejano 3 de Febrero nació de una colaboración entre nuestro Museo Nacional, la Tate Modern londinense y el Metropolitan neoyorkino, del que yo, siento ser tan poco objetiva, no puedo decir más que buenas palabras.

“Three Studies for Self-Portrait” (1976)

No sólo una tremenda reunión de 62 de sus más grandes obras que sobrevivieron a la tremenda personalidad de este artista, cuyo inicio de su trayectoria se considera a partir de los años 40, tras la crisis que sufrió a sus 35 en la que destruyó casi todos los trabajos que había realizado hasta ese momento, dejándonos con muy poca información sobre sus verdaderos inicios, con un encuentro en la Galerie Paul Rosenberg en 1927 con la figura de Pablo Picasso que fue junto con Poussin el principal desencadenante para que el joven Bacon comenzase a crear, el cual por aquel entonces contaba con 18 añitos y dos fuera de su casa ganándose la vida como decorador de interiores después de que su padre le pillase mirándose frente al espejo con la ropa interior de su madre puesta. Muy fuerte. Nada de extrañar el personaje que está detrás de esta historia, como tampoco es de extrañar que precisamente la única obra que encontramos en la exposición fechada antes de 1940 sea una crucifixión, tema al que Bacon recurrirá a lo largo de toda su trayectoria en momentos decisivos para ella, como lo serán las Tres estudios de figuras al pie de una crucifixión que en 1944 marcó el comienzo de la aceptación de su visión y el tremendo triptico Crucifixión de 1965.

"Crucifixion" (1933)

"Crucifixion" (1965)

Así como ya he dicho antes fue a partir de 1944 cuando empezó a ser reconocida esa imagen degenerada de la realidad que Bacon ofrecía, lo que antes fue calificado por la misma Margaret Thatcher como “asquerosos trozos de carne” ahora comenzaba a ser apreciado y comprendido en una sociedad que con la II Guerra Mundial y ya en tiempos de la Guerra Fría, se veía reflejada en esas figuras destrozadas, despersonalizadas, deformes. Personas animalizadas, enjauladas, llenas de ira y frustración dentro de esos marcos tridimensionales en las que Bacon las situaba, enseñando sus bocas, convertidas en fauces perfectamente definidas, en contraste de la poca corporeidad de sus dueños, personas que reflejaban el ser humano de Francis Bacon, muy acorde con los versos de T. S. Eliot en “Sweeney agonistes”:

Nacimiento, copulación y muerte
Son lo que hay cuando se desciende a lo esencial:
Nacimiento, copulación y muerte
.

 Este autor ejerció una gran influencia en el pintor, dedicandole un tríptico a dicho poema, que también pudimos ver en la exposición, pero no será la única persona que marque su trayectoria. Tras las series como las de Los hombres de azul y sus versiones del Retrato del Papa Inocencio X de Velázquez, Bacon añade en la década de los 60 color a su paleta, mirando a la obra de Vincent Van Gogh y a la luz y el color del paisaje africano al que viajó en esa época, aplicando todos estos recursos que desarrolla en esta primera fase, que levantó muy poca aceptación, a lo largo de toda esta década los numerosos retratos en los que trabajará de una forma más profunda.

Es por estos años por los que conoce al que marcará otro hito más en su carrera, George Dyer, con el que tras pillarlo intentando robar en su estudio una noche de 1964 se termina acostando esa misma noche, iniciando una intensa y tormentosa relación, reflejada en la película de John Maybury “Love is the devil” (El amor es el demonio) de 1998, que supone un papel de modelo en la mayoría de las pinturas de Bacon a partir de entonces, con su consiguiente deformación y caricaturización, mucho alcohol, intentos de suicidio, denuncias a la policía por posesión de drogas, sexo sadomasoquista… Una relación que terminó en 1971, mejor dicho, terminó con George Dyer, que el día anterior a la inauguración de una gran retrospectiva sobre la obra de Francis en el Grand Palais parisino, un reconocimiento a un pintor inglés muy excepcional en dicha ciudad, se suicidó a base de barbitúricos y alcohol en la habitación del hotel en el que se hospedaban, encontrando Francis su cuerpo inerte tirado en el suelo del baño, imagen a la que volvería y volvería en los siguientes “homenajes” que le dedicaría, como los son dos de mis favoritos:

Triptych (August, 1972)

"Triptych" (August, 1972)

Triptych (May-June, 1973)

"Triptych" (May-June, 1973)

No será John Maybury el único en filmar sobre este personaje, la BBC le ha dedicado numerosos documentales, entre ellos en 2005 uno dentro del programa Arena y el que pudimos ver en el Prado: Fragments of a Portrait en el que David Sylvester entrevistaba al artista, que fue emitido por primera vez en 1966, y del que dejo aqui un fragmento del  original, en inglés y sin subtitulos, por desgracia, pero lo único que he podido encontrar en Youtube.

 

 

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One response

7 05 2009
iamtherain

Casi como haber ido a la exposicion, vamos. Muy currado!

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